





Nuestra llegada a la reserva de Cuyabeno coincide con un periodo climático atípico. La
estación seca propia de estos meses ha sido sustituida por numerosos días con fuertes
lluvias, lagunas repletas de agua y ríos y riachuelos con los cauces llenos. “Este año solo
hemos tenido 25 días de sequía” nos comentan al llegar.
El bosque de igapó, o bosque inundado, cubre gran parte de la reserva de Cuyabeno, que
permanece inundada gran parte del año, entre los meses de enero y agosto. El año pasado
sin embargo, la sequía comenzó en julio, extendiéndose casi hasta diciembre.
“El bosque necesita de la estación seca para crecer, es entonces cuando revive y se
expande, necesita un equilibrio”. Parece contradictorio.



Los bosques de macrolobium parecen emerger desde lo más profundo de la laguna de
Canangueno, una de las más grandes de la zona en la que nos encontramos. Guardianes de
la fauna que habita la reserva, estos grandes árboles se mantienen dormidos durante toda la
estación húmeda, dejando que los peces que pasan a su lado se alimenten de sus semillas y
las depositen en el fondo de la laguna al defecar. Será la estación seca la que las haga
despertar y comiencen a crecer. Sin los tres meses de sequía el bosque deja de expandirse, y
comienza a menguar.
“Hace años que los ciclos secos y húmedos han cambiado, es difícil predecir cuando van a
comenzar o terminar” nos comentan mientras bajamos a lo largo del río Cuyabeno.
“En la sequía del año pasado nos costaba siete horas realizar el trayecto que hoy realizamos
en dos” exclaman miembros de la comunidad Siona.




Cae la noche conforme llegamos a lo que será nuestro hogar los próximos días, y salimos a recorrer la laguna. Las estrellas iluminan Caimancocha y sus alrededores, que cobran vida conforme oscurece. Caído el atardecer, vemos luces rojas en la lejanía. “La petrolera más cercana está a 15km de nosotros” nos dicen, y miramos sorprendidos. Los haces de luz se alzan amenazantes, casi pareciendo que poco a poco se acercan hacia nosotros. Nuestros guías, testigos principales de cómo ahogan a la reserva, las miran resignados.
Los estudios sísmicos realizados por las petroleras a lo largo de los últimos años desvelan la existencia de grandes reservas bajo los bosques de Cuyabeno, augurando un futuro incierto para la reserva.
A lo largo de los próximos días, observamos fascinados la fauna y flora de uno de los lugares con mayor biodiversidad de nuestro planeta. Recorremos las lagunas, ríos y bosques primarios, y no podemos evitar pensar en cómo todo parece arder alrededor de este paraíso único.