La vida discurre con calma en las comunidades asentadas en los bordes del río Magdalena. Desde periodos precoloniales los habitantes de la Depresión Momposina han coexistido con el río, moldeando los vínculos que establecen con el territorio.

Durante la época seca las aguas del río bajan, sacando a relucir verdes prados en los que las vacas pastan y se cultiva yuca.

Con la llegada de las primeras lluvias de junio, el río comienza a llenar las ciénagas,
humedales y meandros, inundando casi la totalidad del territorio que rodea su cauce.
Desaparecen los campos y senderos. Es entonces cuando los pobladores abandonan los campos de cultivo, sacan sus pequeños botes con remos y se dedican a la pesca de bagre.