Desde hace décadas el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, se está llenando de desechos industriales y domésticos debido a la minería descontrolada y el turismo masivo.
Cada día toneladas de plásticos, metales pesados o aguas residuales son arrojados a los ríos de Perú y Bolivia, que arrastran los desechos hasta desembocar en el mismo lago. Todos estos residuos vulneran la vida del Titicaca, que ve cómo poco a poco se extingue su flora y fauna.
Entre las especies más amenazadas se encuentra la Rana Gigante del Titicaca, el anfibio exclusivamente acuático más grande del planeta.

La ranas gigantes del Titicaca son biomarcadores de la salud de las aguas del lago. Al respirar a través de su piel cualquier cambio en las condiciones del agua las afecta, siendo especialmente sensibles al aumento de las temperaturas, la contaminación del agua o los periodos de sequia.

Desde ambos lados del Titicaca, diferentes proyectos y asociaciones trabajan en la protección de la rana gigante del Titicaca.

Desde Puno, Perú, la Asociación Natural Way lleva más de seis años trabajando en la conservación de la fauna del lago Titicaca. “Nos queda mucho por conocer acerca de la rana gigante” nos explica Alexander N. Almonte, miembro de la asociación. Recientes trabajos de investigación realizados por Natural Way han revelado que el Cara Cara, ave endémica de la zona, ha comenzado a depredar a la rana en el Titicaca.

Se desconoce con exactitud la cantidad de ranas que habitan en el lago. Un censo estimado realizado en colaboración con asociaciones bolivianas hace cuatro años permitió establecer una cifra aproximada, pero todavía se desconoce el estado exacto de las poblaciones de ranas de esta especie.
“Ya se han comenzado a encontrar microplásticos en peces del lago, y no sabemos el ritmo al que la contaminación y los residuos están afectando a las ranas. Ya no encontramos apenas ejemplares que superen los 8cm, queda mucho por investigar”.
Además de la investigación, Natural Way trabaja estrechamente con las comunidades que habitan los bordes del Titicaca. “Los pescadores creen que la rana depreda los peces en el lago, así que las matan cuando las ven” cuenta Alexander. En algunos lugares de Perú persiste también la creencia de que los licuados de rana son afrodisiacos y aportan virilidad, por lo que es común ver el tráfico de ranas gigantes.
A través de la confección de artesanías y talleres educativos, Natural Way trata de convertir a la rana gigante en un signo cultural que represente a las comunidades del Titicaca, protegiendo así a la especie.

En el lado boliviano del Titicaca, el Proyecto K’ayra lleva desde 2018 reproduciendo en cautiverio ranas gigantes del género Telmatobius con el objetivo de poder reintroducirlas en un futuro en el lago.
Ubicado en el Museo Alcide d’Orbigny, Cochabamba, el centro se creó después de que en 2016 una muerte masiva de ranas gigantes casi acabara con las poblaciones que habitaban en lago menor del Titicaca. “Nos llegaron 32 ejemplares” explica Ricardo G. Zurita, encargado del centro.

Ocultos detrás del Museo, tres enormes containers esconden la sede de uno de los pocos proyectos que ha conseguido reproducir con éxito ranas gigantes en cautiverio.
Nos ponemos los buzos y calzamos las catiuscas para no introducir ningún tipo de agente externo que pueda dañar a los anfibios y entramos en uno de los containers. En el interior, observamos las peceras repletas de ranas de diferentes tamaños y colores, mientras Ricardo nos habla acerca de su proceso reproductivo y las dificultades que su equipo ha superado para lograr que se reproduzcan con éxito. “Son extremadamente delicadas, cualquier cambio en los parámetros del agua o su alimentación puede alterar su estado y ciclo reproductivo”.
Las ranas tardan alrededor de dos años y medio en alcanzar la madurez reproductiva. “En situaciones de estrés las ranas metamorfosearán antes, pero al llegar a la etapa adulta su tamaño será mucho menor”
“Hemos aprendido sobre la marcha, a base de prueba y error” nos dice Ricardo mientras observa sonriente las ranas. “Una vez al mes las ranas mudan de piel y se la comen. Si el cambio ocurre con más frecuencia es señal de que el agua o la rana no están bien.”

El completo desentendimiento de las autoridades hace que proyectos y asociaciones como Natural Way o K’ayra luchen cada día por mantenerse con vida. La falta de ayudas económicas y apoyo gubernamental dificultan los trabajos de investigación, educación y conservación. Es la misma dedicación de voluntarios y trabajadores las que sacan a menudo adelante este tipo de iniciativas de conservación y protección de fauna.
¿Pero, de qué sirve conservar y reintroducir las especies del Titicaca si cada día se arrojan más y más residuos, si cada año se abren nuevas áreas mineras a su alrededor?
Los miembros del Proyecto K’ayra y Natural Way saben que es necesario un cambio en la manera en la que los habitantes del Titicaca conciben su entorno. El lago no es solo una fuente de ingresos, sino un espacio biodiverso de gran riqueza natural que vale la pena proteger.

Agradecemos a todo el equipo de Natural Way, en especial a Jhazel Quispe y Alexander N. Almonte, habernos permitido conocer el gran proyecto que han creado. Damos las gracias también a Ricardo G. Zurita por abrirnos las puertas del Centro Kayra y mostrarnos el gran trabajo que llevan a cabo.
Su esfuerzo y dedicación enriquece día a día la fauna, flora y comunidades del Titicaca.