
Desde el año 800 d.c. aproximadamente hasta la conquista Inka en el siglo XV la cultura Chachapoya prosperó en los Andes nororientales de Perú. Compuestos por grupos étnicos diferenciados, su territorio quedaba limitado por el río Marañón al norte y el oeste, el río Hullaga hacia el este y por el pueblo de Pías hacia el sur. Si bien cada grupo tenía características propias, todos compartían una serie de tradiciones culturales que los distinguían de otras poblaciones de los Andes.
Son cerca de 700 los complejos arqueológicos Chachapoya que en la actualidad se conservan, con poblados, fortalezas, centros religiosos, pinturas rupestres y mausoleos que se extienden a lo largo de toda la región. A pesar de su riqueza arqueológica, pocos son los trabajos arqueológicos que se han realizado y la cultura Chachapoya sigue siendo relativamente desconocida.









Llegamos a Leymebamba, en el Departamento de Amazonas, con el objetivo de conocer todos los sitios Chachapoya que nos sea posible. Rodeada de montañas que llegan hasta los 3600m, su altura hace que en la región prime el bosque húmedo montano o “bosque nublado”, caracterizado por amplias extensiones de bosque primario, densa vegetación y fuertes lluvias. El terreno es accidentado, con valles profundos y montañas empinadas. Esto hace que en la actualidad la casi totalidad de los antiguos sitios Chachapoyas se encuentren cubiertos de bosque, haciendo que el acceso a los yacimientos sea realmente complicado.
Los asentamientos Chachapoya se ubicaban en las crestas o las cumbres de los cerros, actuando a modo de defensa natural y minimizando el daño ocasionado por las fuertes lluvias de la región. Los poblados estaban constituidos por casas de piedra caliza en forma circular, que eran acondicionadas a la topografía del terreno sin una aparente organización. Las construcciones estuvieron antiguamente techadas por estructuras cónicas de troncos y paja, y los cimientos se protegían con cornisas colocadas a media altura. Las aldeas variaban en tamaño, desde una docena de casas hasta poblados con decenas de estructuras.











El primero de los complejos arqueológicos al que intentamos llegar es La Congona. A unos 7 km de Leymebamba, se trata de uno de los conjuntos Chachapoya más relevantes de la región. El yacimiento se ubica en terreno privado, en una elevada prominencia rocosa cubierta por espesa vegetación, a casi 3000m de altura.
A pesar de que nunca se han realizado excavaciones arqueológicas en extensión, las prospecciones llevadas a cabo por el investigador Arturo Ruiz Estrada en los años 70 y 80 permitieron identificar más de 30 edificaciones en el yacimiento. El conjunto arqueológico se extiende a lo largo de la estrecha cresta rocosa y se va ensanchando hasta llegar a la cumbre, donde se encuentran las construcciones de mayor tamaño. Es ahí donde se localiza una imponente edificación compuesta por dos “torreones” unidos por una escalinata central que asciende hasta su cúspide.
El resto de las construcciones circulares se agrupan de manera desordenada según la tradición constructiva chachapoyana, algunas de ellas decoradas incluso por hermosos frisos de figuras geométricas.
Aunque la vegetación que cubre el yacimiento hace difícil imaginar como hubiese sido originalmente, tenemos la suerte de poder observar la parte alta del yacimiento libre de la maleza. El dueño de los campos entre los que se ubica parece que hace menos de dos semanas limpió el área, haciendo posible observar las construcciones de la cumbre.










A pesar de que los Chachapoyas nunca trabajaron la orfebrería, los lugareños creen que bajo los yacimientos se encuentran tesoros de oro. Según la tradición, en Semana Santa “el diablo anda muy ocupado y los deja sin vigilancia” y es entonces cuando se pueden encontrar estos tesoros ocultos. La Congona es tan solo otro más de los yacimientos que ha sufrido los saqueos por parte de los habitantes de las localidades cercanas.
Los lugareños nos cuentan también que en los periodos de fuertes sequías es tradición prender fuego a los cerros, para así atraer la lluvia que apague los incendios y riegue los pastos. Estas creencias han llevado a que La Congona haya sufrido numerosos y devastadores incendios. El último de ellos, hace unos quince años, prendió fuego al yacimiento completo, derribando numerosas estructuras y dañando las que aun quedan en pie.
La actual vista del yacimiento dista mucho de cómo debió ser en origen. Las anotaciones de Ruiz Estrada describen estructuras y detalles que hoy han desaparecido, reflejando el deterioro que el conjunto ha experimentado estas últimas décadas. Mientras no se realicen excavaciones y se lleven a cabo medidas de protección y preservación, el yacimiento de La Congona continuará esta tendencia irreversible, quedando olvidado bajo la espesura del bosque nublado.