San Andrés es una pequeña isla colombiana situada frente a la costa de Nicaragua que forma parte de un archipiélago conformado por otras dos islas más, Providencia y Santa Catalina. Con 18 km de largo, en San Andrés se encuentra una de las barreras de coral más extensas del mundo, bordeando todo el lateral de la isla, además de otras áreas del archipiélago.

El bienestar del coral es esencial para la supervivencia de la isla y su riqueza ecológica. El arrecife protege el margen costero del oleaje, reduciendo la erosión creada por el impacto de las olas. Es también hogar de gran parte de la fauna marina de la región, que encuentra en los corales una fuente de alimento y protección.

El coral es una colonia de animales llamados pólipos que al unirse forman una estructura común, que a su vez pueden formar los arrecifes. Dependen de pequeñas algas (zooxantelas) que crecen en su interior para alimentarse, formando una relación simbiótica en la que el coral proporciona refugio y algunos nutrientes a las algas, y estas proporcionan alimento al coral. El coral obtiene el 95% de su alimentación de las zooxantelas, lo que las hace indispensables para su supervivencia.

El blanqueamiento global de corales producido el año pasado afectó gravemente a las poblaciones coralinas de San Andrés, que fueron drásticamente reducidas. Además de ello, en el archipiélago se han comenzado a registrar casos de la conocida como enfermedad de la perdida de tejido vivo (SCTLD). Capaz de matar colonias enteras de corales en cuestión de dos semanas, es altamente contagiosa y se dispersa rápidamente por el agua. Todo ello hace extremadamente difícil mantener con vida los arrecifes de corales del archipiélago, que se van reduciendo con el paso de cada año.

La fundación Blue Indigo trabaja desde hace años restaurando las poblaciones de corales de San Andrés, defendiendo el desarrollo y gestión sostenible de los ecosistemas del archipiélago.
A través de un proceso conocido como microfragmentación, el equipo de biólogos de la fundación acelera el crecimiento de los corales, estimulando su curación para reemplazar los pólipos perdidos. En condiciones adecuadas, la tasa de crecimiento puede ser 25 veces mas rápida que la tasa de crecimiento normal.

En un intento por frenar el avance de la enfermedad de perdida del tejido vivo, la fundación ha comenzado también un innovador programa de curación de los corales afectados, a los que se les proporcionan antibióticos y probióticos.
Además de la conservación de corales, la fundación trabaja estrechamente con los habitantes de San Andrés, especialmente con los pescadores, concienciando acerca del papel que los arrecifes juegan en mantener tanto el archipiélago como su oficio con vida.

Los miembros de la fundación son conscientes de que la restauración de las poblaciones de coral es tan solo una solución temporal a un problema mucho mayor. El calentamiento causado por la crisis climática, la sobrepesca y el desarrollo costero insostenible provocan, cada día, la desaparición de más poblaciones de corales. Muchos estudios apuntan a que, de no revertirse esta tendencia, la gran mayoría de corales podrían desaparecer para finales de siglo a nivel global.

Nada es comparable a bucear en el arrecife para ser consciente de la belleza que el ecosistema coralino esconde. Sumergidos bajo el oleaje que choca contra el arrecife, los corales permanecen ocultos a ojos ajenos, otorgando protección y alimento a miles de especies marinas. A nuestro alrededor, bancos de cientos de peces nadan ágilmente entre los corales, que se alzan imponentes formando laberintos de decenas de texturas, formas y colores.
Los esfuerzos y programas de protección llevados a cabo por la fundación han impulsado la repoblación de varias áreas de la isla, creando nuevos ecosistemas marinos saludables. Todavía hay tiempo para salvar las poblaciones coralinas de San Andrés.

Queremos agradecer a la Fundación Blue Indigo, especialmente a Bruce Hoyos y María Fernanda Maya, habernos enseñado toda la labor que realizan protegiendo los corales de San Andrés. Gracias a iniciativas como la suya la riqueza ambiental del archipiélago se protege y crece cada día.
A Naida Castellón, por permitirnos usar las fotografías de las guarderías de coral, y a Fernando Mancera, por sacar las increíbles fotografías del fondo marino que hemos usado para este reportaje.