El sitio arqueológico de la Tina, ubicado en la región de Aisén, puede ser difícil de encontrar. A media hora desde el pequeño pueblo de Chile Chico, hay que recorrer la carretera empedrada que bordea el lago General Carrera para llegar hasta él.
El terreno, sin apenas vegetación, es escarpado y rocoso, y el viento sopla con fuerza en todas direcciones. Recorriendo la carretera el inmenso lago parece no tener fin. El oleaje creado por el viento choca contra sus orillas, bordeadas por grandes paredes de roca.

El yacimiento puede pasar completamente desapercibido para aquel que desconoce su ubicación. Es Amalia Nuevo, arqueóloga en el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP), quien nos enseña y explica los trabajos realizados en el yacimiento.
El estrecho sendero que recorremos a pie termina de pronto ante una pared de roca. Bajo ella, escondidas en un pequeño abrigo, aparecen teñidas con colores rojizos, amarillos e incluso blancos decenas de manos.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en La Tina revelaron restos arqueológicos que establecían una ocupación humana entre 3000 y 1000 años de antigüedad. El escaso material arqueológico hallado en las excavaciones contrasta con la cantidad de manos representadas, alrededor de 60, que se distribuyen a lo largo de cinco paredes de roca.
Los estudios geográficos llevados a cabo en el área indican que la zona pudo ser utilizada como lugar de paso por los grupos cazadores-recolectores que se movían a lo largo de la costa del lago, por lo que parece que la funcionalidad de las pinturas fue la de marcar el espacio. Ubicada en el centro de las rutas de movilidad de estos grupos, la representación de manos podría haberse usado como medio para dejar huella del paso humano, nos cuenta Amalia.

Amalia es parte de un pequeño grupo de arqueólogas y arqueólogos que desde hace años viene reivindicando la importancia histórica de Aisén, una de las regiones más olvidadas en la investigación arqueológica chilena.
Las extensas prospecciones realizadas a lo largo de todo el territorio y las excavaciones puntuales en lugares estratégicos les han permitido descubrir una riqueza y variedad arqueológica hasta ahora poco investigada.
Con sitios de una antigüedad máxima de 12.000 años, fue hace 3.000 cuando el territorio comenzó a ser ocupado de forma intensiva por los pequeños grupos de cazadores recolectores. Es en ese momento cuando comienzan a aparecer muchos sitios con ocupación humana en diversos lugares de la región. Las pinturas rupestres en cuevas, acumulaciones funerarias conocidas como chenques o los conchales localizados en las costas continentales son tan solo algunos ejemplos de esta diversidad.

Toda esa labor de investigación se ve reflejada también los trabajos de difusión realizados por el CIEP y el Gobierno Regional de Aisén. El trabajo “Arqueología de Aisén. 12 mil años de ocupación” revela el estado actual de las investigaciones así como los conocimientos obtenidos de los trabajos arqueológicos.


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Agradecemos al CIEP, especialmente a Amalia, el habernos dejado acompañarlas a visitar los yacimientos de la zona de Chile Chico, permitiéndonos conocer la riqueza histórica de Aisén.